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2020 año para pensar a quién queremos en la silla grande de Quintana Roo.

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Han pasado ya tres años de que por convicción, hartazgo o falta de candidatos convincentes la mayoría del electorado le dio la gubernatura de Quintana Roo a Carlos Joaquín González.

Sin embargo, todo indica que la expectativa fué mucho más grande que la realidad, y es que en términos prácticos no se ha logrado el cambio prometido.

Las encuestas más optimistas le otorgan al gobernador una aceptación en su gestión apenas por encima del 50% y es que en los temas torales como el económico, se quiera o no aceptar, este gobernador ha aplicado la misma receta que sus antecesores, la de recurrir al endeudamiento público como método para hacerse de recursos.

En esta ocasión tratando de despistar a los ingenuos cambiando el nombre del endeudamiento por el de “refinanciamiento” asegurando con este juego de palabras que así no se contrae más deuda.

Lo cierto es que Deuda es deber dinero sin importar si se trata de capital o de intereses y en el caso de Quintana Roo si se contrajo más deuda por el simple hecho de extender el pago de intereses por más años.

Pero desgraciadamente el tema económico no es el mayor ni más doloroso descalabro de la administración de Carlos Joaquín, sin duda, su más terrible falla se encuentra en el descuidado crecimiento de la inseguridad en el Estado.

En este tema, Joaquín González se lleva de calle a sus antecesores incluso marcando historia y a pesar de que sabemos que está a su máxima capacidad hace pensar que no puede o no encuentra cómo revertir esta tragedia que se vive en todo el estado, especialmente en la zona norte donde las estadísticas son abrumadoras para los municipios de solidaridad y Benito Juárez.

Según el semáforo delictivo (http://www.semaforo.com.mx) en 2016, el último año del PRI y los primeros 3 meses del nuevo gobierno de coalición PAN-PRD hubo 165 homicidios, pero la cosa cambió drásticamente al siguiente año bajo la responsabilidad total del nuevo y prometedor gobernador al casi quintuplicar la cifra para alcanzar los 763 asesinatos en el 2018.

Del mismo modo en cuanto a la estadística del 2019, Semáforo delictivo indica que hasta el mes de noviembre se han registrado 623 homicidios pero tomando en cuenta las estimaciones es muy probable que el último mes de este año sobrepase los 700 decesos violentos.

Con estas cifras en la espalda, queda más que probado el rotundo fracaso del mando único, arma “infalible” implementada con la promesa de erradicar la inseguridad, pero que a todas luces ha funcionado de forma contraria y no solo en materia de homicidios, también hay números alarmantes en otros rubros como por ejemplo la extorsión conocida también como cobro de derecho de piso que se ha incrementado en 102%, secuestro con 57%, violación con 54% y Robo a negocio con 32% por mencionar algunos en cifras comparativas al 2018.

Con estas abrumadoras cifras en pleno cuarto año de gobierno, quedaría en claro que en materia económica no se puede esperar un repunte real y constante, toda vez que el financiamiento de la deuda pública recién aprobado por la flamante mayoría del congreso del estado plantea lograr ahorros menores a corto plazo pero se “avienta” el grueso de la deuda a la siguiente administración.

Del mismo modo en materia de seguridad no se ve voluntad del gobernador para cambiar la fallida estrategia del mando único o remover a su también fallido secretario de seguridad por lo que resultaría muy difícil que se puedan cumplir las rimbombantes promesas de abatir la inseguridad en el Estado.

¿Más de lo mismo? ¿Cuantos sexenios?

Lo que queda por hacer de parte de los quintanarroenses es meditar sin apasionamientos políticos y ceñirse a la frialdad de los números y estadísticas y entender que solo hay dos opciones, continuar por el mismo camino o cambiar a otro.

Como votantes para el 2022 es necesario comenzar a involucrarse en temas políticos desde este año que recién comienza, observar y valorar quienes aspiran a sucesión para poder identificar si son personajes con experiencia, capacidad y verdadera oposición a la actual administración y sus políticas o si se trata de titeres, levanta dedos de esos que muy probablemente traerán la misma receta, mas de lo mismo que ya no queremos.

Algunas cabezas ya se asoman aunque lo nieguen, desde San Lázaro Luis Alegre, desde el senado Marybel Villegas, de la presidencia municipal Mara Lezama, Laura Fernández o Nivardo Mena. pero la pregunta a contestar en estos meses seguirá siendo la misma…

¿Cuales de estas cabezas se oponen realmente al modelo de gobierno actual y cuales traen la misma receta? a usted le toca observar y decidir.

Fuente Javier Cataño Leal

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